Palomar Mandilar
Historia de una afición.
En una cena de Navidad de una Asociación de empresarios tuve la suerte de sentarme a lado de un colombófilo, Jaime Ameller.
En aquel momento yo sólo sabía que él tenia palomas y no me podía imaginar el mundo que se encerraba detrás de esa simplificación. A lo largo de la cena, sus maravillosas explicaciones del mundo colombófilo y mi curiosidad me fueron introduciendo en la Colombofilia.
No salía de mi asombro, “más de 1000 kilómetros y ¡en un día! ”, siempre vuelven al palomar donde han aprendido, son monógamos, el precio que pueden llegar a alcanzar, la modalidad de los derbis y sus fiestas “country”, “se vuela con los viudos o al natural”, etc., Etc.
La mitad de las cosas me parecían exageraciones y la otra mitad “ciencia ficción”, pero cada vez me interesaba más el tema y al cabo de dos semanas ya había encargado una jaula en “Borras Palomas”, el Corte Ingles de la Colombofilia.
El mismo fin de semana que montamos las jaulas ya me trajo mis dos primeros pichones y desde ese día todo han sido satisfacciones y diversión, bueno también algún disgusto, cuando pierdes alguna voladora y no vuelve al palomar